domingo, 28 de junio de 2015 9:58

San Pedro, Yacuiba.

Fotografias realizadas  el 11 de Septiembre de 1897. Fuente: Giannecchini, Dorotéo. Mascio, Vicenzo. Álbum Fotográfico de las Misiones Franciscanas en la República de Bolivia, a cargo de los Colegios Apostólicos de Tarija y Potosí. Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. Talleres Gráficos de Industrias Offset color s.r.l. La Paz - Bolivia. 1995. En 1893 el P. Paoli ponia la primera piedra del nuevo templo, dedicandolo al principe de los Apostoles, usando materiales solidos, grandes piedras, fuertes y largas vigas plantadas verticalmente y trabadas unas con otras de modo que sirvieran de sostén a las paredes de adobes (los adobes son gruesos ladrillos hechos de cualquier tierra mezclada con agua y paja secadas al sol. Generalmente son de 60 cm. de largo, 33 de ancho y 12 de espesor. Se coloca uno sobre el otro unidos por una capa de barro sin paja.) y pudieran resistir a las frecuentes sacudidas sismicas; la fachada estaba hecha de ladrillo cocido; obra iniciada en 1895 y concluida para finales del año de 1896. Este templo tiene un largo de 35 metros y 8 de ancho. La casa parroquial tiene 30 metros, con las respectivas comodidades que competen a su calidad de templo de una capital de provincia. La construccion estuvo lista para ser habilitada al concluir el año de 1896.
La suma que el P. Paoli gastó para construir desde sus fundamentos la iglesia y casa parroquial, ascendio a 12.000 bolivianos, equivalentes a 24000 liras italianas (de aquel tiempo). Los 12000 bolivianos han sido en su integridad aporte de la misma parroquia, limosna de piadosos benefactores bolivianos y argentinos y del mismo Gobierno y otras erogaciones voluntarias de devotos particulares. Además de realizar cuatro bazares, efecto de la dinamicidad, iniciativa y celo por la casa del Señor, cuya recaudación sería utilizada para culminar la obra comenzada, contribuyendo el mismo P. Paoli con su trabajo personal y tambien utilizando los recursos que producia esa parroquia. (Descripción: Fotografía 1: Obreros trabajando en la construcción del Templo de San Pedro en Yacuiba; Fotografía 2 Yacuiba, actual esquina de las Calles San Pedro y Santa Cruz).


domingo, 21 de junio de 2015 22:53

¡Se nos va el Futuro! Por José Luis Claros López



¡Se nos va el Futuro!
Por José Luis Claros López

Yacuiba sigue siendo una ciudad sin industrias pero los únicos culpables, son los Yacuibeños. Debemos ser capaces de reconocer que la causa de nuestro subdesarrollo la podemos ver cada vez que nos miramos al despertar en el espejo. Y luego vendrá el espejo de la historia, que nos pasará la factura de años de bonanza económica dilapidados en espejismos y conformismos.

El futuro, no es algo que sucederá mañana es lo que sucede ahora porque el mañana no es más que la continuación del presente con una fecha diferente; por ese motivo ahora es el mejor momento para reconocer que las cosas están mal y que vivimos en el subdesarrollo lejos de llegar a la felicidad, por culpa de nuestros propios actos, cada ciudadano de Yacuiba debería preguntarse a sí mismo cada día cual es su contribución para obtener un ciudad más limpia, más segura, más humana, más innovadora; no deberíamos estar sentados esperando que las buenas noticias nos toquen a la puerta, nuestra ciudad todavía no tiene historias de ciudadanos que se atrevieron a transformar en realidad los sueños de industrialización que como sociedad anhelamos desde mediados de los años cincuenta. Solamente somos generadores de materias primas antes la madera, luego el petróleo, ahora el gas pero jamás podemos despertar del sueño y comenzar a producir bienes con valor agregado. Incluso no podemos terminar con la triste realidad de ser exportadores de capital humano, un capital humano que producto de la inversión realizada en el nivel escolarizado se transforma en un potencial con capacidades increíbles.

Debemos ser capaces de reconocer que ya estamos a diez años de llegar al Bicentenario de la Patria, por consiguiente ¡Se nos va el futuro! y estamos como estábamos en 1925 contentos y orgullosos de tener una improvisada “Estación de Telégrafo” en una precaria construcción de adobes; mientras en el resto de Bolivia aquel año de 1925, año del Centenario; los ciudadanos de otros lugares de nuestra Gran Nación Boliviana ya soñaban con Terminales Aéreas, más Ferrocarriles, con caminos interdepartamentales, con una naciente industria nacional. Pero la realidad no es tan distinta hoy, que ya estamos a diez años del Bicentenario, todavía no tenemos en Yacuiba industrias consolidadas que generen empleos, sólo tenemos con 31 años de presencia de la educación superior pública en Yacuiba el índice más bajo con el 4,76% de población con un nivel superior concluido lo cual contribuye a que no exista una clase pensante que oriente a la sociedad, que le diga que las cosas están mal y es que parece que los Yacuibeños nos conformamos con “espejitos” sin reflejo, para no ver que somos nosotros mismos los culpables de nuestro subdesarrollo.  

sábado, 23 de mayo de 2015 23:50

MÁS DE 30 AÑOS DE EDUCACIÓN SUPERIOR PÚBLICA EN YACUIBA Por José Luis Claros López

MÁS DE 30 AÑOS DE EDUCACIÓN SUPERIOR PÚBLICA EN YACUIBA
Por José Luis Claros López (*)

Sí asumimos que acceder a la Educación Superior Pública es un derecho, que todos los Bolivianos gozan y que los ciudadanos que vivimos en la frontera sur de la patria somos ciudadanos de la Gran Nación Boliviana y en consecuencia merecemos no ser discriminados, entonces; ¿Por qué, Yacuiba no tiene su propia universidad? Yacuiba se encuentra entre las 9 ciudades más pobladas de Bolivia de acuerdo a los datos del último Censo de Población (2002) y desde mediados de la pasada década, se invierten importantes cantidades de recursos económicos en la formación escolarizada de nuestra juventud estudiosa, sin embargo el acceso a la educación superior pública sigue siendo un privilegio; reservado para una minoría. Esa minoría debe a su vez padecer de las consecuencias crónicas de la escases de políticas públicas que beneficien a la educación superior en las todavía llamadas: “Ciudades Intermedias” alejadas no sólo en lo geográfico sino también en el imaginario político de quienes toman las decisiones en el eje central. Quizás eso explique porque fue muy cerca al núcleo central del Poder Político Boliviano que se gestó hasta su constitución desafiando todo pronóstico, una nueva Universidad Pública justamente la última con autonomía económica, académica y administrativa creada y reconocida por el Sistema de la Universidad Boliviana; nacida de un sueño, convertida en una realidad por la voluntad de su pueblo y justamente fue aquel proceso fundacional de la UPEA el cual dio lugar en los albores del Siglo XXI a poder hablar sobre la necesidad del acceso a la educación superior pública dejando encendida la luz de una esperanza.

La República en su momento y hoy el Estado Plurinacional (dado que la Ley Nº 2115 no ha sido derogada) determinaron un requisito el primero formalmente establecido para crear o no crear en Bolivia una nueva universidad pública en el futuro: “...Artículo 6°.- Bajo las normas y parámetros de la presente Ley, podrán crearse Universidades Públicas únicamente en las ciudades del país cuya población exceda de los quinientos mil (500.000) habitantes…” (Ley Nº 2115, 2000). Obviamente Yacuiba está distante todavía en el tiempo a poder alcanzar esa proyección demográfica. Pero, en el presente hay universidades públicas en igualdad de jerarquía con las otras universidades del sistema funcionando en ciudades que tienen menos habitantes que Yacuiba.

Estamos próximos a cumplir los 31 años de presencia de la Educación Superior Pública, ya que un día del invierno del año 84 nacía la primera opción de profesionalización superior en Yacuiba del seno de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, desde aquel tiempo cada conquista; entendiendo por conquistas el no cerrar las opciones académicas existentes, el iniciar nuevas carreras, el conseguir consolidar una Facultad, el acceder a los beneficios del IDH, el poseer una infraestructura más grande, la descentralización académica y un campus propio que pase de ser una maqueta a materializarse como realidad concreta, fueron obtenidas por el esfuerzo y la voluntad de los estudiantes y docentes movilizados acompañados en sus luchas por el pueblo hambriento de conocimiento. Pero; no será que vamos llegando a ese día cuando en lo alto del Edificio que alberga a los universitarios en Yacuiba flamee orgullosa una bandera verde y blanco como el símbolo de que obtuvimos el derecho al acceso a la educación superior pública en nuestra propia universidad con Autonomía Económica, Académica y Administrativa en igualdad de jerarquía dentro del Sistema de la Universidad Boliviana. Hay quienes sostienen que no es el momento para debatir estás ideas, pero quizás el momento es ahora.

* El autor es Escritor.

miércoles, 20 de mayo de 2015 13:12

Honoré de Balzac

"El tiempo es el único capital de las personas que no tiene más que su inteligencia por fortuna." Honoré de Balzac.


miércoles, 26 de noviembre de 2014 17:00

Versiario invernal de un desamor primaveral Por José Luis Claros López



Versiario invernal de un desamor primaveral
Por José Luis Claros López

Quiero besarte
como aquella noche,
nuestra primera noche,
deseo tú cuerpo sentir
como la vez primera.
Porque te quiero,
como poeta enamorado
de la blanca luna
de un cielo estrellado
de noche serena,
te amo,
en silencio y sin nombrarte
más solo sé que te quiero;
que deseo que en el firmamento
brillen siempre buenas estrellas,
que viertan sus fulgores por tú ventana
en una noche serena,
noche de primavera
quiero regalarte un versiario
de versos de amor,
luego llegará nuestro aniversario
y entonces para vos robaré una flor,

jueves, 24 de octubre de 2013 14:37

Hachikō

(Fotografía) Orando por recién fallecido "Chuken Hachiko" (Leal perro Hachiko) en Shibuya sala de equipajes de la estación de Tokio el 8 de marzo de 1935. La viuda de Hidesaburo Ueno, Yaeko, está en la primera fila, segundo desde la derecha. La foto fue publicada al día siguiente en el Yamato Shimbun. Autor Shibuya Folk y Literario Shirane Memorial Museum. Hachikō nació a principios de 1924, fue regalado a Eisaburō Ueno, profesor del Departamento de Agricultura en la Universidad de Tokio, a raíz de la muerte de una perra anterior, que les fue muy triste. Hachikō fue enviado dentro de una caja desde la prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya (un viaje de dos días en un vagón de equipaje). Cuando los sirvientes del profesor lo fueron a retirar, creyeron que el perro estaba muerto. Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó al perro una fuente con leche y este se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las patas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (‘ocho’ en japonés), por la similitud con el kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (八).
El perro lo acompañaba a la estación para despedirse allí todos los días cuando su dueño Ueno iba al trabajo, y al final del día volvía a la estación a recibirlo. Esta rutina, que pasó a formar parte de la vida de ambos, no fue inadvertida ni por las personas que transitaban por el lugar ni por los dueños de los comercios de los alrededores.
Esta rutina continuó sin interrupciones hasta el 21 de mayo de 1925, cuando el profesor Ueno sufrió un paro cardiaco mientras daba sus clases en la Universidad de Tokio, y murió. Esa tarde Hachikō corrió a la estación a esperar la llegada del tren de su amo, y no volvió esa noche a su casa. Se quedó a vivir en el mismo sitio frente a la estación durante los siguientes 9 años de su vida. Conforme transcurría el tiempo, Hachikō comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación; mucha gente que solía acudir con frecuencia a la estación habían sido testigos de cómo Hachikō acompañaba cada día al profesor Ueno antes de su muerte. Fueron estas mismas personas las que cuidaron y alimentaron a Hachi durante ese largo período.
La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, quienes lo apodaron el perro fiel.
En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se inauguró.
El 8 de marzo de 1935, Hachikō fue encontrado muerto frente a la estación de Shibuya, tras esperar infructuosamente a su amo durante nueve años.
Cuando se le hizo una autopsia (para realizar su taxidermia) en su estómago se encontraron cuatro varitas utilizadas para los yakitori (pinchos o brochetas de pollo ensartado), pero estas varitas no habían dañado la mucosa del estómago, por lo que no fueron la causa de su muerte. Las causas de la muerte de Hachiko se consideraron desconocidas, hasta que en marzo de 2011 se determinaron definitivamente: el perro había sufrido un cáncer terminal y una filariasis (infección de gusanos) en el corazón.
El cuerpo de Hachikō fue disecado y guardado en el Museo de Ciencias Naturales del distrito de Ueno (Tokio). Nueve años después (1944) ―en el marco de la Segunda Guerra Mundial―, la estatua de bronce de Hachikō se tuvo que fundir para fabricar armas. Pero en agosto de 1947 ―dos años después de la finalización de la guerra―, se erigió otra estatua de bronce, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta el encuentro.
El 8 de marzo de cada año se conmemora a Hachikō en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya. También hay una estatua similar delante de la estación de trenes de la ciudad de Odate (en cuyas cercanías nació Hachiko). (Referencia consultada: Wikipedia)

lunes, 23 de septiembre de 2013 14:01

Historia el primer servidor de Bolivia fue instalado en La Paz. Lo llamaron UTAMA, palabra aymara que significa "tú casa": Bolivia se conectó al ciberespacio en los 80.

Bolivia se conectó al ciberespacio en los 80: Un teléfono fijo, un módem y un ambiente cedido por el Centro de Estudiantes de Ingeniería Electrónica sirvieron para la instalación del primer servidor: Utama, palabra aymara que significa “tu casa”. Luego, el especialista Steve Framme aterrizó en el país para transferir sus conocimientos al equipo técnico que instauró la era del correo electrónico —el primero fue clifford@unbol.bo— y sus derivaciones. “No teníamos nada, nuestras neuronas eran nuestra mayor riqueza”, cuenta Paravicini. La ardua labor permitió el nacimiento del proyecto BolNet, que contó con un comité impulsor interinstitucional. Así, en 1991, y desde una oficina a casi 4.000 metros de altura, se dieron los pasos pioneros para la incorporación de la nación al ciber- espacio. “Nos comunicábamos con un segundo servidor a la Universidad de Berkeley en California (Estados Unidos) y bajábamos documentos; era lentísimo, 100 páginas demoraban tres horas”. Cualquier consulta era respondida desde ese país.

Un año después, Paravicini fue nombrado representante de BolNet y se consiguió apoyo financiero y tecnológico de entidades internacionales, que permitieron el armado de la red física en predios de la Facultad de Ingeniería de la UMSA. Con ésta, se tuvo conexión a la internet durante las 24 horas del día, con 91 países y más de 1.000 usuarios a través de 200 computadoras. Y en 1995, el sistema se extendió a las universidades públicas de Santa Cruz, Cochabamba y Chuquisaca.

“Empezamos la retroalimentación y el chat, robando electricidad de la carrera por más de cinco años”, relata Paravicini, medio en serio, medio en broma. En 1996, se emprendió la comercialización del servicio y, con ello, empresas y usuarios se plantearon la necesidad de crear páginas web (se creó el portal http:www.bolnet.bo). Más tarde se instalaron los primeros nodos gubernamentales en la Vicepresidencia, el Congreso y el Ministerio de Comunicación.

 Se esbozó la primera biblioteca virtual para la Universidad Andina Simón Bolívar de Sucre. Y en 2004, aquellos visionarios que vieron la llegada de internet adoptaron un nuevo reto: fundar la primera Agencia para el Desarrollo de la Sociedad de la Información en Bolivia, que se constituyó con la Ley General de Telecomunicaciones, Tecnologías de Información y Comunicación. “Fueron 24 años de ardua labor, pero la recompensa se nota a diario”, arguye Paravicini desde su despacho.
Fuente: http://www.la-razon.com/suplementos/informe/Internet-pirata-casas-fronteras_0_1817818369.html

jueves, 8 de agosto de 2013 1:32

LA FRONTERA EN LA INVENCIÓN DE UNA VESTIMENTA EN LA CONSTRUCCIÓN IDENTITARIA DE LOS CRIOLLOS EN EL CHACO TARIJEÑO por José Luis Claros López


LA FRONTERA EN LA INVENCIÓN DE UNA VESTIMENTA EN LA CONSTRUCCIÓN IDENTITARIA DE LOS CRIOLLOS EN EL CHACO TARIJEÑO.
Por José Luis Claros López

Introducción.

Los habitantes del Chaco Tarijeño por su evidente situación de pobladores de una región geográfica de frontera recibieron para la construcción de su identidad no solo influencia del otro lado de la frontera durante la primera mitad del siglo XX sino también del interior de la nación Boliviana esto sobre todo en lo cultural y por ese motivo no se debe caer en la negación de toda vinculación con la cultura del norte Argentino, porque hacerlo es caer en un error y una suerte de negación voluntaria de la esencia misma del Chaco como un lugar de encuentro. En todo caso la construcción identitaria de un segmento poblacional del Chaco Tarijeño que se reconoce como “Criollo” pasa por la invención de una vestimenta que lo diferencia y lo identifique como un habitante de la llanura Chaqueña, sobre todo en su relación con los pueblos del interior de la nación Boliviana. Es una invención la vestimenta del Criollo en el Chaco Tarijeño, por ser el resultado del encuentro cultural y haber sufrido evoluciones a partir de finales de la década del setenta ya que al comprender que la vestimenta o el estilo corporal definen en realidad quienes somos como resultado de nuestras decisiones vestimentarias en un espacio territorial o un estadio histórico. Si intentáramos hacer un rastreo de esta situación encontraríamos que en el caso especifico del habitante del Chaco Tarijeño no siempre fue así y que la forma en que creemos hallar la verdad íntima del otro a través de la interpretación de sus maneras más externas (en este caso su manera de vestir), es una condición heredada de un tiempo precedente como muchos de los valores que rigen la actualidad de cualquier sociedad.[1]

Es importante comprender que desde el siglo XIX en el espacio territorial del Chaco Tarijeño, conviven por un lado los descendientes de los pueblos indígenas que fueron asimilados en la nación Chiriguana y en otras identidades desperdigadas a lo largo de la llanura chaqueña y por el otro lado los descendientes de los “colonizadores” que después se autodenominaran a lo largo del siglo XX como “criollos” y que son en su gran mayoría descendientes de Tarijeños. A este proceso de conformación poblacional diversa se debe agregar también la presencia de la migración europea que se produce a lo largo del siglo XX como consecuencia de las situaciones de conflicto y de crisis económica que afecto al continente europeo.

El espacio territorial del Chaco Tarijeño con relación a su condición de frontera hasta el presente fue un espacio donde la movilidad es constante. Si bien es cierto que la frontera es una categoría de espacio temporal que al establecerse como un territorio, con un límite opera como sistema de alcance diferencial con respecto al vecino. Eso en el caso del Chaco Tarijeño es la causal para que su población que no se define como descendiente de indígena procure apropiarse, material o simbólicamente, de una identidad y llegado el momento incluso el inventar una identidad y reinventarla después.

El momento de la creación identitaria del Criollo en el Chaco Tarijeño.

Es a partir de los procesos migratorios de finales del Siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando notoriamente se incrementaron la movilidad entre Bolivia y las provincias del norte de Argentina de 6607 migrantes en 1895 a 16916 migrantes en 1914[2] que si bien es cierto fue por diversos factores; es claro que un porcentaje de dicha migración boliviana comienza un proceso de asimilación cultural e incluso deciden no retornar a su país de origen. Pero es en realidad en el estadio histórico de la primera mitad del siglo XX que los habitantes del Chaco Tarijeño comienzan a crear en el imaginario colectivo una identidad que los diferencie como habitantes de la llanura en su relación tanto con el interior de la nación Boliviana pero por sobre todo con el valle de Tarija.

Es a partir de la Guerra del Chaco que la construcción identitaria de los habitantes del Chaco Tarijeño cobra mayor necesidad, sobre todo por parte de la elite rural que tenia mayores privilegios e influencia sobre todo en su relación con los delegados provenientes de Tarija que trabajaban en la administración pública, incluso más que la naciente burguesía comercial asentada en el ámbito urbano y que por su origen extranjero y no nacional no se sienten propios del lugar y consideran su permanencia en el Chaco como algo coyuntural. La utilización del término: “criollo”[3] no es nueva en Latinoamérica; ya que Criollo, es un americanismo que se empleó desde la época de la colonización de América aplicándolo a los nacidos en el continente americano, del país, pero con un origen europeo. En el Chaco Tarijeño, al igual que sucediese en el resto de la América Española durante el siglo XVIII los habitantes que se autodenominan como “criollos” controlan la propiedad agraria y adquieren con esto un gran poder económico y una gran consideración social. Pero no se sienten dueños del poder político. Esta situación con el paso sucedáneo del tiempo cambiaría.

En el ámbito rural del Chaco Tarijeño, la utilización del término: “criollo” por parte de los habitantes del campo y luego también de sus descendientes que viven en los centros urbanos de Yacuiba, Carapari y Villa Montes comienza recién de acuerdo a los testimonios orales recién en la década del 40 y comienzos de la década del 50. Antes de eso las referencias a estos habitantes sin importar el lugar de su procedencia es solo la de “colonos”. Es importante su aporte durante los años del conflicto ya que a diferencia de los guías indígenas, los colonos se reconocen como parte de la nación Boliviana.  

Es así como los que se autodenominan “criollos” son en realidad los descendientes de “colonos” (habitantes provenientes en su mayoría del Valle de Tarija, como también de la provincia de Camargo y otras del interior de la nación Boliviana) que llegaron de forma voluntaria a los primeros asentamientos en la zona próximas al actual Caraparí y a partir de la década del 40 del siglo XIX al valle de Caiza, también existen los registros de asentamientos no voluntarios (a la fuerza) como se da en el caso de la construcción y posterior poblamiento de Villa Rodrigo (Caiza) por parte de prisioneros de guerra peruanos (1843)[4] y no será hasta después de 1905 que dé comienzo a un incremento del poblamiento de la zona de Villa Montes.

Elementos de la construcción identitaria del Criollo en el Chaco Tarijeño.

Los elementos evidentes en la construcción identitaria son el folklore musical de la región del Chaco Tarijeño, que en uno de sus casos más conocidos: la Chacarera; es indudable su popularización entre los hacendados del campo y a partir de la segunda mitad del siglo XX entre los habitantes de los centros urbanos pero no es una danza propia sino uno de los elementos que forman parte de la construcción de la identidad cultural del criollo en el Chaco Tarijeño, sin lugar a dudas fue como resultado del flujo comercial con las provincias del norte argentino que la Chacarera comienza su asimilación en el imaginario de los habitantes del Chaco, adquiriendo algunas modificaciones coreográficas durante la danza. La chacarera para el criollo del Chaco Tarijeño como toda danza ha dejado de ser un ente cantado y coreográfico, para pasar a ser un todo poético y verbal[5]. Pero no solo es la danza, existen otros elementos necesarios en esta construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño lo constituyen los instrumentos musicales como el violín[6] cuya procedencia es el valle central de Tarija, en la frontera del Chaco Tarijeño como lo es en la frontera del Bermejo las influencias folklóricas del Valle Central de igual modo son notorias, como lo es aquello que cruza la frontera desde el vecino país (Argentina).[7] No se puede concebir una chacarera sin la utilización de un violín. La danza y la música llegan con la fiesta, sea esta las sociales o las religiosas en el mundo rural las fiestas religiosas no solo se las vivía con la solemnidad de los actos litúrgicos sino también finalizados los mismos comenzaban la exteriorización de los sentimientos de felicidad y alegría con el ritmo de la música y la interpretación de una chacarera. Es evidente que las primeras chacareras eran solo instrumentales (violín y bombo), hasta que comenzaron con el tiempo a incluirles un acompañamiento poético, es así que la narrativa musical se transforma en un testimonio oral necesario en la investigación de las características de la construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño, esto sobre todo a partir de 1969 con la grabación de “Pasacana” por el dúo del Pasacanal. Dos canciones son emblemáticas para esta etapa: “La Parreñita” que es una tonada y la “Flor de Pasacana” una chacarera interpretadas por Fortunato Gallardo en el violín y Alberto Choque en el bombo (dúo del Pasacanal). A partir de aquel momento la narrativa musical cobra fuerza contando la querencia que no es otra cosa que el amor por la tierra y las costumbres del hombre y la mujer del campo (autodenominados como criollos) que marcan la diferencia con los otros que vienen de afuera.

Invención de una vestimenta en la construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño.

Es también a partir de finales de la década del 70 que se produce un cambio significativo con la evolución en la vestimenta identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño; no existen registros fotográficos anteriores a esta década que demuestren que los hacendados y demás población que se autodenomina “criolla” utilizase un sombrero de cuero con un dobles, si bien es cierto que existen remembranzas orales sobre la utilización de dicho sombrero en las labores del campo pero dichas remembranzas orales pueden ser fácilmente identificadas en un estadio histórico entre 1960 y 1970 no así en otros momentos, por consiguiente era normal y hasta propio de la identidad del criollo hasta antes de finales de la década del 70 y comienzos de la década del 80 que adquieran y utilicen sombreros de paño casi siempre en comercios del norte argentino. También era parte de las características de la indumentaria del criollo la utilización de un saco y un corbatín, pero lo más notorio era el pantalón ancho ya sus mayores se vestían por lo cual sentían orgullo de usar un sombrero de paña, poncho de color caqui y estar bien trajeados. La evidencia fotográfica sobre todo la existente en la colección: “Yacuiba de antaño”[8] y otros documentos gráficos demuestran que por ejemplo dichos pantalones abombachados de diseño sobrio son utilizados de forma permanente por el hombre del campo incluso antes de que se produjese la Guerra del Chaco (ver fotografía fechada en agosto 1931). Pero aquí se da la primera invención, en 1969 el Dúo del Pasacanal utilizaba la indumentaria de acuerdo a las características de la construcción identitaria del criollo hasta ese estadio histórico, pero se sucedió lo siguiente: al alejarse de la frontera y entrar en contacto con el interior de la nación boliviana, se los identificaba como si fueran extranjeros y promocionasen tanto la música como la indumentaria del norte argentino: “del gaucho”.


Fotografía: 15 de agosto de 1931, El Palmar. Fortunato Aré con su esposa María Manuela Márquez. (Nótese los detalles de la indumentaria: Pantalón abombachado, cinturón ancho y las botas altas hasta las rodillas).

Esto es resultado lógico de su condición de frontera, el criollo durante más de 50 años había estado construyendo una identidad que poseía similitudes en lo que se refiere a la indumentaria como lo podemos notar al comparar esta vestimenta con la vestimenta de quienes interpretan la danza de la chacarera en el dibujo titulado: “La Chacarera” de Aurora de Prieto (1947) que representa la danza de la chacarera interpretada por dos bailarines argentinos y que forma parte de las ilustraciones del libro: “Danzas Argentinas”[9].

La Chacarera de Aurora de Prieto

Pero son notorias las diferencias: El criollo del Chaco Tarijeño utilizaba botas altas y no así bajas como es lo común al otro lado de la frontera, el pantalón también es más ancho. En 1977 cuando los Canarios del Chaco, consiguen participar exitosamente del IV Festival Folklórico Nacional de la Canción Estudiantil utilizan una indumentaria que les permite asumir una identidad que no sea confundida por el jurado como “gauchos”. Se produce uno de los primeros registros fotográficos de un sombrero de cuero con un dobles como un símbolo que comienza desde ese momento a ser parte de la construcción identitaria del criollo, pero también se puede evidenciar la utilización de ponchos con los colores comúnmente utilizados en el Valle Central de Tarija y ya conocidos en el interior del país y fácilmente asociados al sur de Bolivia, además de camisas blancas acompañadas de corbatines rojos. Ya que sucedió que hasta 1994 en el Chaco Tarijeño era normal y oficial para los actos cívicos la utilización de la bandera de Tarija, la bandera Verde y Blanco no será declarada símbolo regional hasta ese año.

Los Canarios del Chaco, a lo largo de su trayectoria musical y de sus registros fotográficos evidencian la utilización de la indumentaria de gala que incluía un sombrero de paño, colores caquis en la ropa y sobre todo un poncho que difiere bastante del poncho salteño pero con un cierto grado de proximidad al poncho jujeño que igual que el poncho del Chaco Tarijeño se confunde con el color de la tierra. Es importante, señalar que aquí surge uno de los símbolos más reconocidos del Chaco Tarijeño. El sombrero y también la invención o asimilación en el imaginario del resto de la nación boliviana que un poncho rojo con una delgada franja negra conocido como el “poncho salteño”[10] fuese propio del sur de Bolivia. Es a partir de 2011 que cantautores Yacuibeños como Luchin Zeballos comienzan a revalorizar el poncho color tierra, utilizado por los criollos del Chaco Tarijeño durante las primeras décadas del siglo XX. Esta revalorización surge como una respuesta de la exagerada modificación de la vestimenta sobre todo de quienes interpretan expresiones artísticas como la danza de la chacarera tanto en la misma región del Chaco Tarijeño como en el interior de la nación Boliviana.
Fotografías de los “Canarios del Chaco” utilizando vestimenta identitaria del criollo del Chaco Tarijeño.

Sin embargo en la narrativa poético-musical consolida como símbolo del chaco más que del criollo al sombrero: “…Poco importa que la suela sea de vaca o de novillo lo que importa es que el sombrero sea chaqueño y tenga brillo. […] Pero mucho más lo quiero porque es como un distintivo de este Chaco tan precioso donde yo tranquilo vivo…” (Pelicelli, 1996)[11] la popularidad del tema es uno de los factores que influyen en la desvalorización del sombrero de paño y que se imponga el sombrero de cuero como un símbolo en la construcción identitaria del criollo del Chaco Tarijeño. La narrativa poético-musical también nos va guiando por ese choque cotidiano que representa la convivencia de lo rural y lo citadino: “…Me gusta verme en el barrio donde me vieron crecer el trompo y las bolillas jugando hasta al anochecer […] ojos llenos de querencias violines dentro del ser…” (Cuellar, 1999). Una cotidianidad que ya evidentemente se encontraba bastante alejada de la realidad con la cual se conocía los territorios del Chaco como un lugar donde “…no existe el concepto de Patria y el cuatrerismo está asolando las estancias…”[12] un pensamiento generalizado en 1904 en la capital del departamento y también en el interior de la nación Boliviana era pues que la región del Chaco Tarijeño, carecía de una identidad propia y era más bien una tierra asolada por diversas calamidades a la vez que por sus condiciones naturales era un espacio territorial de difícil asentamiento para los pobladores provenientes del interior.

Conclusión.

Ser frontera es la razón por la cual existen similitudes con la cultura del norte argentino, lo cual no signifique una aculturación sino más bien contribuye con algunos elementos en la construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño.
   
La evidencia fotográfica custodiada en la colección “Yacuiba de antaño” que constituye la muestra de la vida social del campo y de la ciudad en los cien años del siglo XX son la prueba de que no existió hasta finales de la década del 70 y comienzos de los 80 una indumentaria definitiva que sea identitaria del criollo del Chaco Tarijeño, desde 2011 surge tanto en los intérpretes de música criolla, la búsqueda de nuevos símbolos que los diferencien de los otros músicos e intérpretes de chacarera del norte argentino, lo que da lugar a una revalorización de la indumentaria característica del criollo de los primeros cincuenta años del siglo XX.

Tanto la narrativa musical, como el texto poético compilado y publicado por sus autores recién a partir de la década del ochenta describen con simples alusiones la vestimenta del criollo, pero si nos dan una visión de la laboriosa vida del campo. Es indudable que la vestimenta es una tarjeta de presentación que pone en evidencia no solo una distinción de clase u oficio, sino nuestras más profundas aspiraciones.[13] En ese entendido la vestimenta de los criollos del Chaco Tarijeño buscaba desde 1900 el poseer características particulares que marquen una condición identitaria.


Bibliografía.

ARZE AGUIRRE, René. El silencio no me dejaba dormir: Entrevista a don Mario Estenssoro. Revista Ciencia y Cultura. Nro. 11 La Paz, Diciembre de 2002
BARRIOS BUENO, Luis Carlos. Leocadio Trigo. Sociedad Científica de Estudiantes de Derecho, Tarija. 2008
CLAROS LÓPEZ, José Luis. Apuntes sobre la fundación de Caiza: Los prisioneros peruanos en su desarrollo. La Columna de Jose. Periódico El Chaqueño. Yacuiba, edición de 9 de julio de 2012.
DE PIETRO, Aurora/CASTILLO, Cátulo. Danzas Argentinas. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1947.
DOMENECH, Hervé/CELTON, Dora/ARZE, Hugo/HAMELIN, Philippe. Movilidad y Procesos Migratorios en el espacio de Frontera Argentino-Boliviana. IRD – UAJMS.
FERNÁNDEZ SILVA, Claudia. El vestuario como identidad, del gesto personal al colectivo. Conferencia dictada en la 8va Jornada Académica de Diseño Industrial “las personas y los diseñadores una buena sociedad” en Abril 28 de 2010. Universidad Pontificia Bolivariana
JEREZ, Omar. Ciudad, identidades, y fronteras. Universidad Nacional de Jujuy, Argentina/CONICET. 2002.
PELICELLI, Oliverio. Mi sombrero Chaqueño. 1996

  




[1] Fernández Silva, Claudia. El vestuario como identidad, del gesto personal al colectivo. Conferencia dictada en la 8va Jornada Académica de Diseño Industrial “las personas y los diseñadores una buena sociedad” en Abril 28 de 2010. Universidad Pontificia Bolivariana.
[2] Pág. 56 Domenech, Hervé/Celton, Dora/Arze, Hugo/Hamelin, Philippe. Movilidad y Procesos Migratorios en el espacio de Frontera Argentino-Boliviana. UAJMS
[3] Criollo es una palabra que deriva del verbo "criar", un criollo es alguien que se ha criado en un determinado territorio.

[4] Pág. 3 Claros López, José Luis. Apuntes sobre la fundación de Caiza: Los prisioneros peruanos en su desarrollo. La Columna de Jose. Periódico El Chaqueño. Yacuiba, edición de 9 de julio de 2012. Así sucedió que algunos de los prisioneros de guerra tomados luego de la Batalla de Ingavi llegaron al Chaco Tarijeño en 1843.
[5] De Pietro, Aurora/Castillo, Cátulo. Danzas Argentinas. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1947
[6] “…Mi padre fue abogado y ejerció su profesión hasta los 90 años como Presidente de la Corte Superior del Distrito de Tarija, pero era esencialmente un músico. Aparte del piano cultivaba otros instrumentos, formaba parte de una especie de filarmónica; mi tío lo mismo, era otro músico que tocaba violín, de manera que aunque ellos tuvieran unos antecesores de diversas actividades, la música constituyó un motivo esencial de expresión espiritual o artística…” ARZE AGUIRRE, René. El silencio no me dejaba dormir: Entrevista a don Mario Estenssoro. Revista Ciencia y Cultura. Nro. 11 La Paz, Diciembre de 2002
[7] Jerez, Omar. Ciudad, identidades, y fronteras. Universidad Nacional de Jujuy, Argentina/CONICET. 2002.
[8] Colección Fotográfica “Yacuiba de antaño”. Propiedad del Gobierno Autónomo Municipal de Yacuiba.
[9] De Pietro, Aurora/Castillo, Cátulo. Danzas Argentinas. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1947
[10] Durante la guerra gaucha de la segunda década del siglo XIX, los soldados del general Martín Miguel de Güemes, llamados "Los infernales", vestían un poncho rojo durante el combate. Tras la muerte de Güemes en combate, se agregaron las dos franjas negras en señal de luto.
[11] “Mi sombrero Chaqueño” Canción Letra y música de Oliverio Pelicelli. Interpretada por Juan Enrique Jurado en 1996.
[12] Pág. 2 Barrios Bueno, Luis Carlos. Leocadio Trigo. Sociedad Científica de Estudiantes de Derecho, Tarija. 2008
[13] Fernández Silva, Claudia. El vestuario como identidad, del gesto personal al colectivo. Conferencia dictada en la 8va Jornada Académica de Diseño Industrial “las personas y los diseñadores una buena sociedad” en Abril 28 de 2010. Universidad Pontificia Bolivariana.

VOS ERES EL VISITANTE

LA NIÑA Y EL FANTASMA Y OTROS RELATOS (CLICK SOBRE LA IMAGEN PARA DESCARGAR EL ARCHIVO)

LA NIÑA Y EL FANTASMA Y OTROS RELATOS (CLICK SOBRE LA IMAGEN PARA DESCARGAR EL ARCHIVO)
Autor: José Luis Claros López

EL PIRATA DEL PILCOMAYO Y OTROS CUENTOS

EL PIRATA DEL PILCOMAYO Y OTROS CUENTOS
El Pirata del Pilcomayo y Otros Cuentos (Tercer Libro escrito por José Luis Claros López)

VERSIARIO INVERNAL DE UN DESAMOR PRIMAVERAL

VERSIARIO INVERNAL DE UN DESAMOR PRIMAVERAL
Versiario Invernal de un Desamor Primaveral. Cuarto Libro escrito por José Luis Claros López, antología de poesías.

SITIO WEB PUR

Powered By Blogger
Blogger Templates

YACUIBA

YACUIBA

BUSCADOR

Cargando...

TRADUCE ESTE BLOG

VIDEOS

EN LA ENTRADA DE SAN PEDRO

EN LA ENTRADA DE SAN PEDRO

MI GATITO
Se ha producido un error en este gadget.

Seguidores